Nos ha llegado, como seguramente a muchas agencias y empresas de Madrid y de toda España, un correo comercial anunciando la Ley 11/2023 de accesibilidad web con cifras de sanción que suenan a asustar más que a informar. La ley es real y la obligación también, pero antes de contratar nada vale la pena separar lo que dice la normativa de lo que dice el argumentario de venta de quien te la explica.
Hemos verificado los datos con fuentes especializadas en accesibilidad digital y con la propia norma técnica que desarrolla la ley, y en este artículo están los números reales, no los del correo. También explicamos por qué la solución más publicitada del mercado, el widget que "hace tu web accesible en minutos", tiene un problema serio que muy pocos proveedores cuentan.
Qué es la Ley 11/2023 y por qué llega ahora
La Ley 11/2023, de 8 de mayo, transpone al ordenamiento español la Directiva europea 2019/882, conocida como European Accessibility Act. Amplía a buena parte del sector privado obligaciones de accesibilidad que hasta ahora eran, sobre todo, cosa de organismos públicos. Desde el 28 de junio de 2025 es exigible, así que no es una norma futura: ya está en vigor y aplica a webs que ya existían antes de esa fecha, no solo a proyectos nuevos. Si quieres ver qué implica en la práctica para tu actividad concreta, hemos preparado una guía de accesibilidad web por sector en Madrid con ejemplos para abogados, clínicas e inmobiliarias.
El motivo por el que probablemente te está llegando ahora un aluvión de correos comerciales sobre esto es sencillo: cualquier empresa que venda software de accesibilidad tiene un incentivo directo en que percibas la ley como una amenaza inminente y compleja. Cuanto más miedo genere el correo, más fácil es vender una solución rápida a cambio de una cuota mensual. Eso no significa que la ley no exista ni que no aplique, pero sí que conviene leer los correos de este tipo con el mismo escepticismo que cualquier otra oferta comercial agresiva.
A quién obliga realmente
La ley aplica a empresas privadas que prestan servicios al público a través de medios digitales, lo que en la práctica cubre a la inmensa mayoría de las webs con las que trabajamos: tiendas online, webs de servicios profesionales, reservas, formularios de contacto o cualquier proceso que un usuario complete a través de la web. Hay una excepción relevante que muchos correos comerciales omiten convenientemente: las microempresas que prestan servicios, es decir, negocios con menos de 10 empleados y menos de 2 millones de euros de facturación anual, tienen obligaciones reducidas frente a empresas de mayor tamaño.
Esto no significa que una microempresa pueda ignorar por completo la accesibilidad. Significa que el nivel de exigencia técnica y el margen de adaptación progresiva son distintos, y que venderle a una pyme pequeña el mismo argumentario de urgencia y coste que a una empresa mediana no es honesto. Antes de contratar cualquier solución, vale la pena saber en qué tramo está tu negocio, porque cambia bastante lo que realmente necesitas hacer.
Las sanciones reales, sin inflar
El régimen sancionador de la Ley 11/2023 establece tres tramos: infracciones leves con multas de hasta 30.000 euros, graves de hasta 150.000 euros, y muy graves de hasta 600.000 euros. A eso se suman posibles consecuencias adicionales como la retirada del servicio o producto no conforme, la suspensión de subvenciones públicas a las que pudiera optar la empresa, y la prohibición de participar en licitaciones públicas durante un periodo determinado.
No hemos encontrado en ninguna fuente oficial ni en análisis especializados de despachos de abogados o consultoras de accesibilidad respaldo para la cifra de un millón de euros que aparece en algunos correos comerciales. Es posible que esa cifra se esté tomando prestada de otro contexto normativo distinto (algunas leyes de protección de datos o de consumidores manejan sanciones de ese orden) y aplicándola aquí sin que corresponda. Dicho esto, 600.000 euros como tope de sanción muy grave sigue siendo una cifra seria que ninguna empresa quiere arriesgarse a pagar, así que el argumento de fondo (esto hay que tomárselo en serio) sigue siendo válido aunque la cifra concreta del correo no lo sea.
Qué significa WCAG 2.1 AA en la práctica, no en la teoría
La norma técnica que desarrolla la ley, UNE-EN 301549, se apoya en el estándar internacional WCAG 2.1 en su nivel AA, que es el nivel intermedio de exigencia (existe un nivel A más básico y un nivel AAA más estricto, poco habitual como requisito legal). En la práctica, para una web de empresa normal, esto se traduce en un conjunto de comprobaciones concretas y verificables, no en un concepto abstracto:
- Todas las imágenes con significado tienen un texto alternativo (atributo alt) que describe lo que muestran, no relleno genérico como "imagen1.jpg".
- El contraste entre el texto y el fondo cumple una ratio mínima, de forma que alguien con baja visión pueda leerlo sin esfuerzo. Se puede comprobar gratis con la herramienta WebAIM Contrast Checker.
- Toda la web se puede navegar completa usando solo el teclado (tabulador, intro, espacio, flechas), sin necesidad de usar el ratón en ningún punto del proceso, incluidos los formularios y los menús desplegables.
- Los formularios explican con claridad qué campo tiene un error y por qué, no solo un borde rojo genérico sin contexto que un lector de pantalla no puede interpretar.
- Los vídeos con contenido relevante tienen subtítulos o una transcripción disponible.
- La estructura de encabezados (H1, H2, H3) es lógica y jerárquica, porque los lectores de pantalla la usan para que la persona pueda saltar directamente a la sección que le interesa, igual que alguien sin discapacidad visual escanea la página con la vista.
- El foco del teclado es visible en todo momento, sin que ningún desarrollador haya eliminado el contorno visual por estética con
outline: nonesin sustituirlo por una alternativa igual de visible. - Los elementos táctiles en móvil (botones, enlaces) tienen un tamaño mínimo suficiente para pulsarlos con precisión, sin obligar a hacer zoom antes de poder tocarlos con el dedo.
Ninguno de estos puntos es exótico ni requiere rehacer la web desde cero. La mayoría son ajustes puntuales de código, plantilla y contenido, no un proyecto nuevo completo, salvo que la web de partida tenga problemas estructurales serios de accesibilidad acumulados durante años sin que nadie los revisara.
Por qué un widget no te hace cumplir la ley, aunque lo prometa
Aquí está la parte que la mayoría de correos comerciales de este sector no cuentan, y que conviene saber antes de firmar nada. Los llamados widgets o "overlays" de accesibilidad son una pieza de código JavaScript que se añade encima de una web ya existente y que promete ajustarla automáticamente: cambiar contrastes, añadir controles de tamaño de letra, simular navegación por voz. Suena a solución perfecta para no tocar el código original, y por eso se vende tan bien.
El problema es que, según el consenso de la profesión de accesibilidad digital (recogido en documentos como el Overlay Fact Sheet, firmado por cerca de 800 profesionales del sector), ningún widget automático es capaz de detectar, y mucho menos corregir, más que una fracción pequeña de los criterios reales de WCAG. La accesibilidad verdadera se construye dentro del código fuente de la web (marcado semántico correcto, atributos ARIA bien usados, estructura HTML limpia), no se simula por encima con una capa de JavaScript que interpreta el contenido después de que ya se ha cargado mal.
Hay además un precedente legal que deja esto muy claro. En enero de 2025, la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos (FTC) llegó a un acuerdo de un millón de dólares con accessiBe, uno de los proveedores de widgets de accesibilidad más conocidos del mercado, por publicidad engañosa: la empresa afirmaba que su herramienta con inteligencia artificial hacía que cualquier web cumpliera WCAG en 48 horas, y la FTC determinó que esa afirmación era falsa, engañosa o no demostrada. El acuerdo final, aprobado en abril de 2025, prohíbe a la empresa hacer afirmaciones de cumplimiento sin evidencia real durante veinte años.
Y no se queda en un caso aislado en Estados Unidos: según el informe anual de UsableNet sobre demandas de accesibilidad digital de 2024, se presentaron más de 4.000 demandas solo ese año, y en el 25% de los casos se citó específicamente el propio widget de accesibilidad como la barrera que impedía el uso de la web, no como la solución. Tener un widget instalado, en algunos casos, se ha usado en juicio como prueba de que la empresa era consciente del problema de accesibilidad y aun así no lo resolvió de verdad, lo que debilita cualquier defensa de "no lo sabíamos".
Lo que sí funciona: auditoría real y corrección en el código
La forma seria de cumplir la Ley 11/2023 tiene dos fases, y ninguna de las dos es instalar un script. La primera es una auditoría técnica real, que revisa la web contra los criterios de WCAG 2.1 AA uno por uno, combinando herramientas automáticas de detección (que sí sirven para encontrar una parte de los problemas, aunque no todos) con revisión manual y, en el caso ideal, pruebas con un lector de pantalla real. La segunda fase es la remediación: corregir en el código fuente, plantilla por plantilla, cada uno de los problemas detectados, priorizando primero los que más impacto tienen en el uso real de la web (navegación por teclado y formularios suelen ser los más críticos) y dejando para después los ajustes más cosméticos.
Esto es exactamente lo que hacemos nosotros cuando un cliente necesita cumplir la normativa: auditoría directa sobre su web, informe con los problemas reales encontrados y su prioridad, y corrección en el propio código, sin vender ni revender ningún widget de terceros que prometa un atajo que no existe técnicamente. No es tan rápido de instalar como un script en una tarde, pero es lo único que de verdad reduce el riesgo legal y, más importante todavía, lo único que hace que una persona con discapacidad pueda usar la web sin problemas reales, que es el objetivo de fondo de toda esta normativa.
Cómo saber si tu web tiene problemas de accesibilidad ahora mismo
Antes de pedir presupuesto a nadie, hay comprobaciones gratuitas que puedes hacer tú mismo en diez minutos y que ya te dan una idea del punto de partida. Prueba a navegar tu propia web usando solo el tabulador del teclado, sin tocar el ratón en ningún momento: si te quedas atascado en algún menú o no puedes rellenar el formulario de contacto así, ya sabes que hay un problema real de navegación. Activa el lector de pantalla integrado de tu ordenador (VoiceOver en Mac, Narrador en Windows) y escucha cómo lee tu página de inicio: si no tiene sentido lo que oyes, tampoco lo tendrá para quien dependa de esa herramienta a diario. Y pasa la URL principal por herramientas automáticas gratuitas como el WAVE de WebAIM o Lighthouse de Google, que detectan una parte relevante (aunque no toda) de los problemas técnicos más comunes en segundos.
Ninguna de estas comprobaciones sustituye una auditoría profesional completa, pero te da una primera fotografía honesta de si tu web está razonablemente bien o si hay trabajo serio pendiente, antes de que nadie te venda nada.
Qué pasa si no haces nada
No hacer nada tiene dos riesgos distintos, y conviene separarlos. El riesgo legal es el que hemos descrito: sanciones de hasta 600.000 euros en el tramo más grave, más las consecuencias adicionales sobre subvenciones y contratación pública, aunque la probabilidad de que te inspeccionen de forma proactiva depende de tu sector y tamaño, y en la práctica suele activarse más a menudo por una denuncia o reclamación concreta que por un control aleatorio. El segundo riesgo, menos hablado pero real, es que una parte de tus clientes potenciales, las personas con algún tipo de discapacidad visual, motora o cognitiva, simplemente no pueden usar tu web hoy mismo, y eso es una pérdida de negocio directa e inmediata, no una hipótesis legal futura. Arreglarlo no es solo evitar una multa, es dejar de cerrar la puerta a clientes que ya existen y que hoy no pueden completar un formulario o una compra en tu web.
Diferencia entre esta ley y el Real Decreto 1112/2018
Es fácil confundir dos normativas distintas que conviven en España y que a veces se mencionan mezcladas en artículos o correos comerciales. El Real Decreto 1112/2018 regula la accesibilidad de las webs y aplicaciones del sector público (ayuntamientos, organismos oficiales, universidades públicas) y lleva vigente desde 2018, con su propio calendario de exigencia progresiva. La Ley 11/2023 es la que amplía obligaciones similares al sector privado, y es la que afecta a la inmensa mayoría de las empresas con las que trabajamos. Ambas se apoyan en el mismo estándar técnico de fondo, WCAG, pero tienen ámbito de aplicación, plazos y régimen sancionador distintos. Si alguna vez lees un artículo que cita el Real Decreto 1112/2018 para justificar una obligación sobre la web de una empresa privada, está mezclando dos normativas que no son la misma, y conviene pedir la fuente exacta antes de dar por buena esa afirmación.
Quién debe hacer el trabajo dentro de la empresa
La accesibilidad web no es responsabilidad exclusiva de quien programa la web, aunque sea la fase donde más se nota el resultado final. El equipo de contenido tiene su parte: quien sube fotos y redacta textos es quien decide si escribe un texto alternativo real o lo deja vacío, y quien elige si un enlace dice "haz clic aquí" (sin contexto para quien navega con lector de pantalla y salta de enlace en enlace) o describe a dónde lleva ese enlace. El diseño también tiene su parte, sobre todo en las decisiones de contraste de color y de tamaño de los elementos interactivos, que se deciden antes de que exista una sola línea de código. Y quien gestiona la web en el día a día, subiendo nuevos artículos o productos, necesita entender lo básico para no deshacer con cada actualización el trabajo de accesibilidad ya hecho en el resto de la web.
Por eso una auditoría de accesibilidad seria no termina en un informe técnico que solo entiende un programador: incluye también una guía práctica y breve para quien gestiona el contenido del día a día, porque de poco sirve dejar la web accesible hoy si dentro de tres meses alguien sube veinte productos nuevos sin texto alternativo por no saber que hace falta.
El error de dejarlo para "cuando toque una renovación de la web"
Un razonamiento habitual es posponer la accesibilidad hasta el próximo rediseño completo de la web, asumiendo que no vale la pena invertir en la web actual si de todas formas se va a rehacer en algún momento futuro sin fecha concreta. Este razonamiento tiene un problema práctico: la ley ya es exigible desde el 28 de junio de 2025, no desde la fecha en la que decidas rediseñar la web, así que el riesgo legal y la pérdida de clientes que no pueden usar tu web corren mientras tanto, sin esperar a que llegue ese proyecto futuro. Además, buena parte de las correcciones de accesibilidad (contraste, textos alternativos, estructura de encabezados, navegación por teclado) son perfectamente aplicables sobre una web ya existente sin necesidad de rehacerla entera, así que esperar al rediseño no ahorra tanto esfuerzo como parece a primera vista, y sí prolonga el periodo de exposición al riesgo.
Si de todas formas tienes previsto un rediseño en los próximos meses, lo razonable es aplicar ya las correcciones más urgentes y de menor coste sobre la web actual (contraste, textos alternativos, formularios), y dejar para el proyecto de rediseño las mejoras más estructurales que sí tiene sentido abordar desde cero, como una nueva plantilla con marcado semántico correcto desde el primer commit.
Cómo se relaciona esto con el SEO y con la visibilidad en IA
La accesibilidad y el SEO comparten más base técnica de la que parece a primera vista, y no es casualidad: ambos dependen de que el contenido esté bien estructurado y sea fácil de interpretar por un sistema automático, ya sea un lector de pantalla o el rastreador de un buscador. Una estructura de encabezados jerárquica ayuda tanto a una persona que navega con lector de pantalla como a Google para entender de qué trata cada sección de la página. Un texto alternativo descriptivo en las imágenes ayuda tanto a quien no puede verlas como al posicionamiento en búsqueda de imágenes. Y un marcado HTML semántico y limpio es exactamente lo que también facilita que los motores de IA como ChatGPT o Perplexity puedan extraer y citar el contenido de tu web con confianza cuando alguien les pregunta algo relacionado con tu negocio.
Esto no convierte la accesibilidad en "otra técnica de SEO", sería reducir su propósito real, que es permitir que personas con discapacidad puedan usar tu web en igualdad de condiciones. Pero sí significa que el trabajo de hacerlo bien no es una inversión aislada sin retorno: mejora a la vez el cumplimiento legal, la experiencia de una parte real de tus visitantes, y la forma en que tanto Google como los asistentes de IA leen y valoran tu contenido.
En resumen
La Ley 11/2023 es real y exige de verdad, pero las cifras de sanción de hasta un millón de euros que circulan en algunos correos comerciales no están respaldadas por lo que hemos podido verificar: el tope real es 600.000 euros en el tramo más grave. Un widget automático no te hace cumplir la ley, tiene precedente legal en contra (el caso accessiBe-FTC) y en algunos juicios se ha usado como prueba en contra de quien lo instaló pensando que bastaba. Lo que funciona es una auditoría real seguida de corrección en el código, priorizando lo que más impacto tiene en el uso diario de la web.
Si quieres saber en qué punto está tu web ahora mismo, hacemos auditorías de accesibilidad reales, sin vender de por medio ningún widget de terceros, con la primera revisión gratuita. Y si el foco es que te encuentren, tienes nuestra guía de SEO en Madrid y la checklist de SEO local.
